
¿Dónde nacimos?, ¿dónde vivimos?, ¿hacia dónde hemos viajado?. La palabra “dónde” nos remite a LUGAR. El mismo, es un espacio concreto y al mismo tiempo dinámico. Si tenemos en cuenta una de las actuales definiciones de la geografía: “Estudio del espacio geográfico socialmente construido”, podemos dilucidar que, lo que conocemos de nustro entorno, de nuestro lugar, es un “espacio funcional” según la sociedad que lo construye. Así, advertimos que el espacio en donde vivimos, es diferente al lugar que elegimos para nuestras vacaciones por su funcionalidad.
Este espacio del que hablamos tiene una extención y un límite, de carácter convencional, que plantea varias denominaciones. Por un lado, los términos: país, provincia, partido, localidad, barrio. Por otro, mencionamos el espacio rural (el campo) y el espacio urbano (la ciudad). Los primeros son el producto de una división político-administrativa, en los segundos se imprime la funcionalidad.
Ahora bien, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “funcionalidad”?, que el paisaje que observamos (nuestro entorno u otro lugar visitado) puede decirnos cosas importantes para comprender los distintos aspectos que caracterizan a un determinado espacio. Las funciones son las actividades específicas que se realizan en un lugar con el objeto de satisfacer las necesidades de sus habitantes. En líneas generales, a estos lugares los denominamos “sectores”: minero, industrial, comercial, agropecuario, entre otros.
Los espacios determinados por su extención, límite y funcionalidad observan características vinculadas al ambiente natural, a los procesos históricos y a su actual organización social. Por ello, la Geografía describe, estudia y analiza los lugares que conforman un ámbito de interacción entre la sociedad y la naturaleza. Permitendo explicar la organización de los diversos espacios y sus relaciones.
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